Suerte diversa
Ante la caída de Cala el 4 de agosto de 1936 algunos decidieron y pudieron huir. Podemos imaginar que en esos momentos de confusión fueron muy diversas las formas de escapar o de intentar seguir del lado republicano. La única forma de hacerlo era ir hacia el norte, con el problema de que la campaña del ejército golpista por la ruta de la plata había cortado la conexión con la zona republicana principal. Extremadura había quedado cortada en dos, al oeste una zona embolsada sin conexión con el este, que sí tenía comunicación directa con la principal zona republicana (Madrid, Valencia, Barcelona, etc.).
Los calenses se dirigieron a Valencia del Ventoso, a través de Arroyomolinos y Segura de León, después de tratar de volar el puente de La Gitana. Aunque es difícil proporcionar una cifra es posible que los "huidos" de Cala sobrepasasen el centenar. La mayor parte de ellos se alistó como miliciano o militar al ejército republicano, los que hicieron la guerra en Madrid terminaron en los campos de concentración y en la cárcel y los que hicieron la guerra en Cataluña o en Valencia terminaron en el exilio.
Hasta Segura de León llegaron los familiares de algunos refugiados (Miguel Macías Vázquez y Manuel Amaya Sánchez) para convencerles inocentemente de que si se entragaban no les pasaría nada (como si algo hubieran hecho). Todos decidieron que era mejor no entregarse y el tiempo les daría la razón. Sin embargo, Miguel y Manuel prefirieron oir a sus familiares y aprovecharon la noche para dejar a sus compañeros y volver a Cala. Manuel Amaya lo pagaría con su vida.
No tengo constancia de que todos huyesen en el mismo grupo, aunque muchos huyeron en grupos que permanecieron en la guerra y en el cárcel relativamente cohesionados. El grupo más numeroso decidió atravesar la líneas fascistas (Ruta de la Plata), hasta Castuera que era la puerta de la zona Republicana.
No todos los calenses lo hicieron de forma simultánea y no todos ellos lo consiguieron, aunque sí la mayoría. Podemos distinguir entre los que consiguieron llegar a Castuera y los que no lo consiguieron y fueron a parar al barco Carvoeiro (Sevilla) o posiblemente asesinados en los camposo de Llerena.
Entre los que consiguieron llegar a Castuera y de allí a Madrid, podemos citar a Genaro Blanco Díaz, Manuel Cabanilla González, Antonio Ceballo Chaves, Antonio José Corchuelo Rubio, José Cosmo Vázquez, Severino Delgado Falero, Severino García González, Gregorio Hermoso Lobo, Feliciano Maya Hermoso, Juan Maya Hermoso, José Maya Bautista, José Moya Martín, Manuel Moya Martín, Miguel Moya Martín, José Pecellín Delgado, Manuel Rasero Picón, Antonio Sánchez Pérez, Dionisio Sánchez Pérez, Manuel Vázquez Ramos y Feliciano Vera Domínguez.
Según Espinosa (1996) también pudieron huir:
José Silva Fernández, minero 51 años
Esteban Rodríguez Sevilla, minero 41 años
Antonio Rodríguez Gata, minero 46 años
José Rodríguez Gata, bracero 45 años
Manuel Mateo Morón, minero 22 años
Sebastián Sánchez Domínguez, minero 22 años
En cambio otro grupo decidió emprender la marcha a pie hasta Portugal. En este grupo se encontraban:
Teodosio Riscos Ortín, alcalde. D. Teodosio Riscos estuvo durante la guerra en Alcudia de Crespín (f.o.) desde donde mantuvo correspondencia con los de Cala que estaban en el frente de Madrid.
Pedro Rodríguez Santos (Julián el Merino), concejal, encontró refugio después de la guerra en París y se exilió en Perú, aunque finalmente pudo volver a Cala.
Carlos Encinas González, médico (Salamanca, 1907 - León, Guanajuato, 1997).
Julio Abril
Francisco Rodríguez
Aunque en un principio pudiese parecer que pasar la frontera era una solución, debe recordarse que en Portugal había en esos momentos un régimen fascista (Salazar) que veía con buenos ojos el golpe de Franco y que de hecho prestó importante apoyo logístico, por ejemplo a los aviones que bombardeaban Badajoz que podían aterrizar sin problemas en Elvas (Espinosa, 2007). El gobierno portugués no se podía permitir romper relaciones con el régimen legalmente establecido en España (la República), pero colaboró activamente con los sublevados.

El embajador español en Lisboa era nada menos que D. Claudio Sánchez-Albornoz, quien se desvivió por proteger a los refugiados españoles. Sin embargo, no pudo impedir que las autoridades portugueses entregasen a los refugiados a los militares golpistas (Casanova, 2007), quienes casi siempre los asesinaban de inmediato en la tristemente famosa Plaza de Toros de Badajoz o en otros lugares. Incluso grupos falangistas entraban impunemente en los campos de refugiados que se habían improvisado en Portugal, prendían a los refugiados a voluntad y los asesinaban (Espinosa, 2007). Así ocurrió con el diputado socialista de Nicolás de Pablo y con el alcalde de Badajoz Sinforiano Madroñero (Casanova, 2007), quienes según Espinosa (2003) fueron asesinados después de un desfile con banda y misa de campaña incluida al que se invitó a la población de Badajoz. Podemos imaginar la epopeya que hubieron de vivir los refugiados republicanos.
En medio de todo esto, algunos militares portugueses protegieron a los refugiados. Espinosa (2007) se refiere a Seixas como uno de los que puso en riesgo su carrera militar para proteger sus vidas.

En medio del escándalo internacional que se produjo por la connivencia portuguesa con los asesinatos de refugiados españoles, el gobierno de Salazar decidió permitir que el 10 de octubre de 1936 el barco
Nyassa trasladase a 1.435 refugiados españoles partiendo desde Lisboa y llegando a Tarragona, en zona republicana, dos días más tarde. Espinosa (2007, p. 217) menciona a Carlos Encinas como uno de los ocupantes del
Nyassa. Parece que el grupo que mencionamos tuvo la suerte de poder embarcarse también en este barco. Sabemos además que entre los refugiados había mujeres y niños (En la foto de la derecha aparece el Nyassa en otro trayecto, esta vez llevando refugiados desde Francia a México, una vez que había terminado la Guerra Civil).
Después de llegar a Tarragona parece que los componentes de este grupo tomaron rumbos diferentes. Carlos Encinas participó como médico en el ejército de Cataluña, Julio Abril fue militar en el ejército de Extremadura (f.o.) y Teodosio Riscos desempeñó otras tareas en Albacete o Levante.
Al terminar la guerra, Teodosio Riscos y Julio Abril pasarían por la cárcel, mientras que Carlos Encinas, Pedro Rodríguez y Francisco Rodríguez consiguieron pasar la frontera francesa. En Francia recibieron el auxilio de amigos de Eusebio Rodríguez (hermano de Pedro). Pedro Rodríguez parece que pasó unos años en Perú con su hermano. Carlos Encinas decidió acogerse a la hospitalidad que el presidente mexicano Cárdenas brindó a tantos exiliados republicanos. Llegó a Veracruz el 7 de junio de 1939 con su esposa. Trabajó en varios laboratorios farmaceúticos del Distrito Federal (esta información se la debo a Ludivina García Arias de la Asociación de Descendientes del Exilio Español). Por la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles sabemos también que el Dr. Encinas se encontraba en México en 1940 (JARE, Libros de actas 1939-1941 libro II) y en 1941. Su hijo me ha indicado en comunicación personal que el Dr. Encinas dejó la medicina y se dedicó a la pintura y a las artes gráficas. Después tuvo ocasión de volver a Cala en alguna ocasión y finalmente falleció en febrero de 1997 en León, Guanajuato (México), ocho años después que su esposa.
Otros huyeron al monte porque pensaron que era más seguro, porque no querían irse de Cala o simplemente porque les sorprendió la toma de Cala. Entre estos están (f.o.):
Juan Vázquez (estuvo 14 meses en la sierra)
Julián (Linde)
Tomás Hermoso
Y aun otros permanecieron escondidos en su propia casa.
ReferenciasEspinosa, F. (2007),
La Columna de la Muerte. Ed. Crítica.