viernes 18 de noviembre de 2011

Memoria histórica

Una gran parte de los asesinatos que se planificaron por los militares sublevados y que se cometieron en Cala y sobre gente de Cala siguen sin estar siquiera registrados como fallecimientos. El franquismo consiguió borrar la memoria de la vida y la muerte de esta gente, simplemente no existieron. Pero al mismo tiempo consiguió grabar a fuego el terror en la gente que sobrevivió. ¡Cuantas veces hemos oído de nuestros mayores aquello de "hijo no te señales"! Nos hemos burlado de ellos con la suficiencia que nos da el haber vivido la mayor parte de nuestra vida en democracia y en una sociedad más o menos justa. Yo creo que visto con perspectiva, tenemos que reconocer que ese miedo tiene un fundamento escrito con la sangre de mucha gente, con asesinatos que se hicieron a la luz del día. Con el dolor, la rabia y la impotencia de muchos padres, hijos, hermanos, amigos y vecinos que veían lo que hacían a sus seres queridos.

No debe extrañarnos que la gente buscase justificaciones, la mente tiene extraños recovecos. ¿Cómo iban a hacer algo así a gente que no había hecho nada? Para poder seguir viviendo en el régimen franquista y poder levantarse todas las mañanas fue necesario que muchos supervivientes pensaran que algo habrían hecho todos estos desafortunados que yacían en La Parrilla y aún hoy en fosas ilegales en el Cementerio de Cala. "Algo habrán hecho". Doble asesinato. No sólo los mataron, sino que muchas veces alentaron la infamia sobre sus nombres.

Su fallecimiento no figura en los registros. Sus restos descansan en fosas comunes, en enterramientos ilegales o, en el mejor de los casos, en un ataúd colectivo. En efecto, cuando llegó el primer ayuntamiento democrático a Cala en 1979, una de las primeras cosas que se hizo fue rescatar los restos de los fusilados de La Parrilla. La Parrilla figura como una ignominia, como un tabú en la memoria colectiva de Cala. Los restos se llevaron al cementerio y se agruparon en dos féretros, uno para mujeres y otro para varones y se depositaron en un lugar que pretende homenajear a "todos los caídos por España". Fue una acción valiente, pero hoy se dan las condiciones para ir un poco más lejos porque:

1. Algunos restos todavía yacen en fosas comunes y enterramientos individuales ilegales en el propio cementerio, si es que no se han exhumado ilegalmente.

2. Los restos que se sacaron de La Parrilla no fueron identificados y todavía hoy no se ha publicado la relación completa de asesinados. Habría que identificar a todos los muertos y la causa (asesinado o caído en combate). Aquí también debería incluirse aquellos que murieron lejos de Cala y cuyos restos será muy difícil encontrar.

3. Finalmente, nadie cayó por España, sino que la mayoría fueron asesinados de la manera más vil y otros simplemente fueron obligados a batallar en una guerra absurda que no era la suya. Sería mucho más adecuado homenajear tanto a los asesinados en este particular genocidio como a los caídos en la Guerra Civil.

(Este texto ya lo publiqué hace un tiempo, pero estoy tratando de organizar un poco el blog)

domingo 9 de septiembre de 2007

Antecedentes de la minería en Cala

Una pequeña villa agrícola de principios del siglo XIX, de 663 habitantes en 1826 ("Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal" de Sebastián de Miñano y Bedoya - 1826) crecería espectacularmente a finales del siglo XIX y durante el siglo XX por la explotación de las minas. En 1925 las Minas de Cala tenían por sí solas 1.423 habitantes ("Novísima Guía de España y Portugal" 1925), más que la población actual de Cala. La evolución de la población en Cala ha sido la siguiente (según el Instituto de Estadística de Andalucía):




Esto nos da una idea del impacto que las minas han tenido en la vida de Cala. ¿Pero desde cuándo se explotan las diferentes minas de Cala? Aunque hay indicios de explotaciones romanas, esta actividad languideció y las minas cayeron en el olvido, encontrando una nueva época de florecimiento que comienza a finales del siglo XIX.

Aunque he encontrado una referencia a un tal Domingo de Usarte, vecino de la villa de Cala, que el 31 de diciembre de 1688 era nombrado factor general de las Minas de Guadalcanal ("Noticias histórica documentada de las célebres minas de Guadalcanal", publicado por Tomás González en 1831), no tengo noticias de que esto tenga relación con actividad minera en Cala.

Tampoco en 1751 se puede encontrar alguna referencia a actividad minera de ninguna índole en el Catastro de Ensenada. Tampoco la hay en 1835 en la "Estadística de España", de Alexandre Moreau de Jonnès (traducido por Pascual Madoz). Tampoco hay noticia a la actividad minera en el diccionario de Madoz (1847) donde se describe la realidad de una pequeña villa agrícola en la que “sobre un terreno áspero y bañado por el río Cala, se crían encinas y alcornoques que sirven para leña, hay producciones de grano de todas clases, bellota y aceite; hay cría de ganado cabrío, vacuno y cerdos; caza de conejos, perdices y muchos lobos”.

Todo indica así que hasta finales del siglo XIX no recomienza la actividad minera en Cala, cerrándose así el largo paréntesis abierto desde la época romana. De nuevo tendrá que ser el ingenio "forastero" el que descubra el valor de las minas de Cala. Serán portugueses, ingleses, alemanes y finalmente vascos los que exploten el potencial minero de Cala.

The Cala Mines Syndicate Limited

La explotación pasó después a manos de una empresa inglesa, The Cala Mines Syndicate Limited, que comenzó a considerar la explotación del hierro. Esta empresa estaba domiciliada en Manchester y finalmente el 17 de agosto de 1900 vendió sus derechos en el Coto Minero de Cala a Martínez de Rodas, en representación de la S.A. Minas de Cala, que está en formación. El acuerdo consiste en que los propietarios de la empresa inglesa recibirán a cambio 7.200 acciones de las 30.000 que representan el capital social de la nueva empresa.

Es decir, el Coto Minero se valora en 3,6 millones de pesetas y las aportaciones de los restantes socios, 11.400.000 pesetas, servirán para poner en marcha la explotación del hierro y construir el ferrocarril que tan importante resultaba para la rentabilidad de la explotación del hierro de Cala.

Companhia Portugueza das Minas de Cala

De acuerdo con García, García y Calvo (2003), este resurgimiento de las Minas de Cala está protagonizado por una compañía portuguesa que impulsa la explotación del cobre en Minas de Cala, abriendo dos galerias y montando una fundición para los mismos. La galería principal se llamaba socavón "La Domineza" y se situaba 80 metros por debajo de las galerías romanas. Las leyes de cobre alcanzaron el 7% y el 8%.

Hay que tener en cuenta que en 1847 el diccionario de Madoz no dice nada acerca de minas, mientras que en 1881 se constituye esta empresa. No tengo datos de qué ocurre durante este tiempo. Tampoco he conseguido mayores datos de esta empresa, que supuestamente terminó vendiendo la mina a una compañía inglesa de la que se habla más abajo.



Esta figura reproduce una acción de la Companhia Portugueza das Minas de Cala, de 1881. El capital total de la empresa era de 900.000 reales portugueses.

Lo que sí es seguro es que la compañía portuguesa, que comenzó explotando el cobre, en algún momento se tuvo que enfrentar a la inviabilidad de explotar exclusivamente el cobre, mientras que ante la explotación del hierro se levantaba el infranqueable muro del coste de su transporte, el eterno problema de las Minas de Cala. Es decir, había un importante filón de hierro pero el coste de su transporte hasta las fundiciones hacía inviable económicamente su explotación. Habrían de ser los vascos los que lo solucionasen mediante la audaz construcción del ferrocarril.

Sociedad Anónima Minas de Cala: constitución

En 1900 las minas pasan a manos de empresarios vizcaínos liderados por D. Francisco Martínez Rodas, Conde de Rodas. El 31 de agosto de 1900 se constituye la S.A. Minas de Cala.

Hay que recordar que un elemento central del proyecto lo constituye la construcción de un ferrocarril de unos 100 kilómetros entre las minas y San Juan de Aznalfarache, donde se embarcaba el mineral rumbo a las fundiciones vizcaínas.

El Presidente de la nueva Sociedad Anónima Minas de Cala era D. Francisco Martínez Rodas, Conde de Rodas, Diputado por Marquina y Senador por Vizcaya y Huesca,también de Santander. Presidente de otras compañías como las Compañias Marítimas Unión y Rodas; Compañía Remolcadores Bilbaínos, Compañias Marítimas Cantabria y Actividad; Asociación de Navieros de Bilbao y de la Liga Marítima Vizcaína; Ferrocarril de Bilbao a Lezama; Sociedad de Seguros y Banca La Aurora; Sociedad de Banca y Seguros El Día, de Cartagena; Sociedad General de Centrales Eléctricas.



Poseía el Conde de Rodas en 1901 1.682 acciones de la S.A. Minas de Cala (más del 5%), siendo así junto con Pedro Laiseca el mayor accionista. Más información del primer Presidente de la S.A. Minas de Cala se puede encontrar en el blog: http://vidamaritima.blogspot.com/2007/09/d-francisco-martinez-rodas.html.

Como curiosidad, indicar que la única hija de Francisco Martínez Rodas fue Emilia Martínez Arana (aunque parece que en algún momento adoptó los dos apellidos de su padre y pasó a ser Emilia Martínez-Rodas Arana), quien contrajo matrimonio con Enrique Areilza. Su hijo José María de Areilza y Martínez-Rodas intervino activamente en la fusión de Falange y las JONS en los años 30 y fue nombrado alcalde de Bilbao tras la ocupación franquista. Fue Ministro de Industria entre 1939 y 1940. Luego desempeñó actividades diplomáticas y en 1975 estuvo en el gobierno de Arias Navarro. Fue también uno de los fundadores del PP. El Conde de Rodas actual es José María de Areilza Carvajal, nieto de José María de Areilza y Martínez Rodas y, por tanto, tataranieto del fundador de la S.A. Minas de Cala.

Volviendo a las Minas de Cala, la puesta en marcha del ferrocarril permitió que en 1907 se embarcaran 133.307 Tm de hierro, mientras que en 1910 este ferrocarril llegó a trasnportar un total de 236.186 Tm. de mineral procedente de Minas de Cala. En 1907 una nota del Senador y Presidente de la S.A. Minas de Cala, Francisco Martínez Rodas, indica que Minas de Cala decía pagar en impuestos al gobierno un total 249.991,59 pesetas.

Artículo sobre la Historia de las Minas de Cala: García, M.; García, G. y Calvo, M. "Minas de Cala: El hierro con cobre", Bocamina. Nº 12, octubre 2003. Disponible en Internet: http://www.bocamina.com/esp/n12/cala.pdf

Más extensa es la información que proporcionan los Cuadernos de Archivo del Archivo Histórico del Banco Bilbao Vizcaya (Año III/Número 27/Abril de 1995) sobre el nacimiento de la Sociedad Anónima Minas de Cala.

En 1921 la sede de la S.A. Minas de Cala estaba en Bilbato, c/. Estación, 5 . En 2007 la S.A. Minas de Cala sigue existiendo y tiene domicilio social en la calle Bailén, 9 de Bilbao, siendo el Presidente de su Consejo de Administración D. Felipe García Alonso.

Ferrocarril Minero Cala-San Juan de Aznalfarache


La construcción del ferrocarril costo más de 110.000 pesetas por kilómetro construido. Además, contaba con un parque móvil de 7 locomotoras grandes, 3 pequeñas, 1 coche salón, 4 coches mixtos de 1ª y 2ª, 8 coches de 3ª clase, 4 furgones, 26 vagones cerrados, 6 vagones jaula, 32 vagones cuna, 25 vagones plataforma y 231 vagones tipping y 1 vagon constraste. Todo se construyó con fondos propios de la Sociedad Minas de Cala, excepto dos millones prestados por el Crédito de la Unión Minera, de Bilbao. En 1910 la S.A. Minas de Cala aprobó la construcción de un ramal a Minas del Teuler, cuyos 18 nuevos kilómetros hasta Zufre fueron inaugurados el 25 de julio de 1913.

Todo indica que la locomotora que se reproduce aquí, llamada "El Teuler" 0-2-0 WT de 700 mm de ancho, fabricada en 1911 por Orenstein & Koppel, con el nº 4.211, debió utilizarse en el ferrocarril de la Mina Coto Teuler. De propiedad particular, está situada en Villalba de los Alcores-Finca Matallana (León)

Información obtenida de http://es.geocities.com/trenesdehuelva/cala.htm

Información relativa a San Juan de Aznalfarache: http://es.geocities.com/sjaznalfarache/130mir-a.htm

Otras minas en Cala


Pero las Minas de Cala no eran las únicas. También entre finales del siglo XIX y principios del XX existían explotaciones en el Mina del Teuler y en la Mina de la Sultana.

Aquí se reproduce una acción del Capital Social de Coto Teuler, Sociedad Anónima. Esta acción tiene un valor de 500 pesetas, siendo el capital social total de la compañía de 3.000.000 pesetas. Figura que la sociedad se constituyó en Bilbao el 12 de agosto de 1911.

Ricardo Gandarías y Durañona, industrial y abogado vizcaíno, fue Presidente de esta sociedad. Murió en Bilbao el 8 de agosto de 1918 (www.euskomedia.org). Otro miembro del Consejo de Administración de esta empresa fue José María San Martín Allende.

Para los interesados, hay muchas acciones de esta empresa a la venta en lugares especializados en coleccionismo. Por ejemplo, la acción se puede comprar en http://www.accionesantiguas.com/pvasco.html.

La cuestión obrera

De modo similar a como ocurrió en otras zonas de Huelva, el crecimiento de las explotaciones mineras supuso un notable incremento de la población de Cala. Los mineros probablemente tuvieran mejores condiciones económicas, entrar en la mina era una bendición.

Sin embargo, las explotaciones mineras no daban empleo a todos los hombre de Cala (el empleo en las minas era una cosa masculina en la época). Para quien no entraba en la mina, quedaba el trabajo de jornalero en el campo, un jornal irregular, por temporadas, una vida miserable y llena de privaciones. Desde pequeños los niños se les utilizaba para tareas auxiliares en el campo, como cuidar de los cerdos ("guardar guarros" en el lenguaje local) y normalmente no acudían a la escuela. Ya poco después de inaugurar las nuevas escuelas, el Presidente del Consejo Escolar D. Luis Encinas (médico de Cala) constataba que cuatrocientos niños quedaban sin recibir enseñanza primaria, calificándolo como "triste situación de la infancia" de Cala. No es para menos.

En esta situación social, los sindicatos devuelven la dignidad a muchos obreros de Cala. La central anarquista Confederacion Nacional del Trabajo (CNT) es la que mayores apoyos concitaba en Cala, con el liderazgo de José Hermoso Picón. La Unión General de Trabajadores (UGT) también tenía sus seguidores, pero menos, bajo el liderazgo de Genaro Bernal. Ambos sindicatos conviven pacíficamente, incluso comparten local en la casa de Virginia, a la derecha de la Casa de Riscos.

Partidos como el PSOE y la [Unión Republicana] tenían menos seguimiento en Cala porque el predicamente ácrata de la CNT les impedía "participar en política", lo que no impedía que el alcalde de Cala, Teodosio Riscos, fuese persona querida por todos. Propietario del mejor comercio de Cala, Casa de Riscos, en el edificio que ha sido sede del ayuntamiento hasta 2008 en la avenida de Andalucía, fiaba y abría cuentas a la gente de Cala, algo muy apreciado dada las maltrechas economías domésticas. Y aun encontraba tiempo para trabajar por el ideal republicano de progreso. Persona culta luchó por llevar el teléfono a Cala, por hacer que se construyesen las escuelas en la actual sede del Ayuntamiento de Cala, donde muchas generaciones de calenses hemos aprendido nuestas primeras letras, por alimentar al pueblo de Cala e incluso por construir una biblioteca pública para Cala, proyecto que se vio truncado por la rebelión fascista.

Partícipes de este proyecto eran Arturo Puntas Vela (maestro), Carlos Encinas González (médico) y Julio Abril (practicante). Arturo Puntas Vela era un buen deportista, jugaba muy bien al futbol y era apreciado por los chavales. Preocupado por la situación de la infancia, solicitó activamente ayudas para la cantina escolar. Podemos imaginar la importancia de la cantina para los niños, dada la situación social de Cala. Probablemente la cantina haría que muchos niños acudiesen a la escuela. Arturo Puntas Vela era natural de [Ayamonte o Guillena] y aunque no sufrió la represión fascista, sugún algunas fuentes, su hermano sí fue asesinado. [En Guillena aparece Hipólito Puntas Ciudad en la web TLN] Tras dejar Cala con la guerra civil, no sabemos los avatares que sufrió [en el AGC figura en un expediente su solicitud a Martínez Barrio para la cantina de Cala], pero parece que años después siguió dando rienda suelta a su pasión por el deporte dirigiendo equipos de fútbol en Huelva y en Rota. Parece que fue presidente de la U.D. Roteña y actualmente el estado del Rota lleva el nombre de Arturo Puntas Vela. ¿Qué habría sido del deporte de Cala si Arturo hubiera podido continuar su labor?

Carlos Encinas González fue hermano menor del también médico de Cala Luis Encinas González, que vivió en la calle Real, en la casa donde hoy está el Hostal La Muralla. Carlos Encinas también compartió el ideal republicano y participó activamente en proyectos como la biblioteca municipal. Arturo Puntas y Carlos Encinas formaban parte de la Junta para la Biblioteca Municipal que se acordó crear el 9 de abril de 1936. Desgraciadamente el proyecto de biblioteca municipal se truncó durante más de 60 años.

Julio Abril también participó de estos ideales de progreso y tuvo que huir de Cala junto a Teodosio Riscos y Carlos Encinas ante el avance de las tropas fascistas.

Según recoge Ordóñez (1968), el recuento que el párroco Juan Chaves Molina hace en 1932 de la situación de la religión en Cala es indicativo de la progresivca secularización de la vida civil en Cala. Indica el párroco que en 1932 sólo cuatro hombres oían misa y sólo las mozas cumplían en un treinta por ciento, que casi nadie recibía los últimos sacramentos antes de morir y que todos los afiliados de los partidos socialistas se enterraban civilmente. Además, en 1932 se celebraron diez matrimonios civiles. Decía el párroco que no se leía ningún periódico católico, sino que todos los periódicos que se leían eran "impíos" y que existían un centro socialista y otro "comunista" (debe entenderse que este centro sería anarquista, porque no había organizaciones comunistas en Cala en la época y el propio Partido Comunista era muy minoritario en la España de 1932).

Referencias:
Ordóñez Márquez, J. (1968), La apostasía de las masas y la persecución religiosa en la provincia de Huelva: 1931-1936, Universidad Pontificia de Salamanca - CSIC

Proclamación de la Segunda República

El 28 de enero de 1930 el dictador Primo de Rivera presenta su dimisión ante el rey Alfonso XIII. Ese mismo día, Alfonso XIII encarga formar nuevo gobierno, pero ya es imposible volver a los partidos políticos de la Restauración (conservador y liberal) porque el sistema anterior ya ha sido superado. España tiene en ese momento casi 24 millones de habitantes y ha experimentado un crecimiento económico y un desarrollo industrial notable en las tres primeras décadas del siglo, si bien éste ha sido asimétrico, permaneciendo atrasadas algunas partes del país (donde podemos situar a Cala) y beneficiando menos a algunas clases sociales (desde luego jornaleros y mineros no son los más favorecidos). Además, en esos momentos existe una crisis económica internacional que también afecta a España; a esto se añade en Cala el declive del monocultivo minero. Podemos suponer que Cala, que había experimentado un desarrollo industrial tremendo (basado en la minería y el ferrocarril), sufrió especialmente la crisis de los treinta.

Esta era la situación de Cala en enero de 1930.

El cambio político se trasladó al nivel municipal y en Cala fueron designados nuevos concejales, que se reunieron en pleno el 26 de febrero de 1930, bajo la presidendia del alcalde anterior (D. Francisco Vita Romero) resultando elegido nuevo alcalde D. Teodosio Riscos Ortín. Recordemos pues que este cambio se produce todavía bajo el reinado de Alfonso XIII, en un periodo caracterizado por la indefinición y el auge de los que defienden la necesidad de una Republica y rechazan una monarquía que se ha sostenido sobre un dictador. Destacados intelectuales como Unamuno (que vuelve del exilio) y Ortega y Gasset se manifiestan inequivocamente en este sentido. Los ediles de Cala son a partir del 26 de febrero de 1930 los siguientes:

Teodosio Riscos Ortín (alcalde)
Nemesio Vázquez Marín (teniente alcalde)
Francisco González Valero
Manuel Vázquez García
David Escobar Delgado
Emilio Domínguez Ramos
Antonio Manzano
Teodosio Díaz González
Ramón Ortega Marín (renuncia 17/3/30)
Arturo Tejada García (toma posesión 17/3/30)
Gregorio Domínguez Pizarro (toma posesión 17/3/30)
Laureano Márquez Vázquez (toma posesión 17/3/30)

Transcurrido un año, el 12 de abril de 1931 se celebran elecciones municipales que se han transformado en un plebiscito a la Monarquía. Los monárquicos ganan el medio rural y los republicanos ganan en las ciudades. El cómputo global favorece a los monárquicos, pero la victoria en las ciudades precipita la proclamación de la Segunda República por medios pacíficos el 14 de abril de 1931. No conozco con exactitud los resultados que se produjeron en Cala.

En estas circunstancias, el 15/4/31 los ediles del ayuntamiento de Cala deciden poner sus cargos a disposición de Pelayo Abril Jara, Jefe del Comité Local Republicano de Cala, a quien se ha convocado a dicho pleno. D. Pelayo manifiesta que de ningún modo puede aceptar el ofrecimiento de sus cargos. D. Pelayo Abril Jara era un empresario dueño de la sala de cine situada en la actual plaza de la Fuente del Moro. También dio nombre a la curva más cerrada del pueblo (la "Revuelta de Pelayo") porque vivía en la actual Avda. Andalucía, 3.

El 19 de abril de 1931 ya se reunen los ediles designados por las nuevas autoridades republicanas, que ratifican a D. Teodosio Riscos Ortín como alcalde de Cala. Los nuevos ediles son los siguientes:

Teodosio Riscos Ortín (alcalde)
Nemesio Vázquez Marín (primer teniente alcalde)
José Hermoso Pecellín (segundo teniente alcalde)
Antonio Morales Acedo
Ramón Marín Pulido
Francisco García Báez
Dionisio Ramos Florindo
Joaquín Delgado Torres
Laureano Márquez Vázquez
Tomás Corrales Boza
Miguel Abril Moya

Teodosio Riscos

Don Teodosio Riscos Ortín
(artículo publicado en la Revista de Fiestas de Cala 2007)


Ya hace unos años que visité en Madrid una exposición en la Residencia de Estudiantes titulada “Un Siglo de Ciencia en España” en la que, junto a hechos de insignes figuras como las de D. Santiago Ramón y Cajal, D. Severo Ochoa o D. Juan Negrín, se exponían algunos frutos de la investigación científica española durante las primeras décadas del siglo XX. Tras la Guerra Civil y la dictadura fascista, muchos investigadores e intelectuales demócratas (no necesariamente de izquierdas) sufrieron la represión y el exilio, lo que provocó un retraso de la ciencia en España del que apenas hoy estamos saliendo.

Todo esto viene a mi mente cuando pienso en la destacada figura de Don Teodosio Riscos Ortín, Alcalde de Cala entre 1930 y 1936, hoy injustamente olvidado. Partícipe de aquel movimiento reformador que, con altibajos, engloba de la Restauración a la República, Don Teodosio fue Alcalde de Cala antes y durante la República. Don Teodosio fue un firme impulsor del ideal de elevación del nivel moral, intelectual y económico de la Patria, como se decía durante la Segunda República. Además de su preocupación por la condición social de los trabajadores, D. Teodosio fue el alcalde que trajo el teléfono a Cala y que impulsó la construcción de las escuelas.

También fue Don Teodosio impulsor de una biblioteca pública, constituyéndose el 14 de mayo de 1936 una junta para la creación de la Biblioteca Municipal integrada por los ediles D. Pedro Rodríguez Santos y D. Domingo Hermoso Pecellín, así como por el médico D. Carlos Encinas González y por el maestro D. Arturo Puntas Vela; proyecto éste que desgraciadamente abortaron los que prefirieron empuñar las armas antes que los libros.

Como la ciencia en España, hemos recuperado la Biblioteca Pública de Cala con décadas de retraso. Casi setenta años. Ahí es nada.

Pero volvamos al principio. Al finalizar la Dictadura de Primo de Rivera, D. Teodosio Riscos fue elegido Alcalde de la Villa de Cala el 26 de febrero de 1930 y confirmado en su cargo al proclamarse la Segunda República un año después. Regentaba D. Teodosio un comercio donde hoy se encuentra el Ayuntamiento de Cala y, según cuentan nuestros mayores, era persona querida en Cala. Las Actas de Plenos del Ayuntamiento revelan que, entre sus primeras preocupaciones, estuvieron llevar el teléfono a Cala y la construcción de las escuelas.

Después de reunirse en Sevilla D. Teodosio y D. Nemesio Vázquez (primer teniente de Alcalde) con el Director de la Compañía Telefónica Nacional, el Ayuntamiento de la Villa de Cala acordó el 3 de abril de 1930 facilitar la concesión del teléfono a Cala otorgando

en concepto de ayuda a la citada compañía para la instalación del servicio telefónico en este pueblo los medios siguientes:

1º. Casa en lugar y condiciones adecuadas para la instalación de los servicios, así como luz por un tiempo no menor de diez años.

2º. Transporte del material, desde la estación férrea a pié de obra.

3º. Cinco peones diarios por el tiempo que duren los trabajos de instalación.

4º. La cantidad de seis mil pesetas para ayuda de los gastos de instalación.” (Actas, folio 78)

Pero la educación de los niños fue la principal preocupación de D. Teodosio. El 3 de abril de 1930 la Corporación también se comprometió a sufragar todos los gastos que originasen los proyectos, planos y construcción de una nueva escuela unitaria para niños, si bien se consideró que un presupuesto de 105.699,25 pesetas era exagerado, habida cuenta de los precios de los jornales y materiales que regían en Cala. Este grupo escolar constaría de cuatro escuelas unitarias, dos para niños y dos para niñas, con casa habitación para cada uno de los respectivos maestros. El 26 de abril de 1930 se decide modificar el proyecto inicial, por estimarse que el lugar destinado inicialmente para el grupo escolar no reunía

las condiciones necesarias de capacidad y ventilación, aparte de constituir un constante y grave peligro para los niños, a consecuencia del tránsito de automóviles, ya que los edificios habrían de colindar con la carretera de Santa Olalla a Fregenal de la Sierra”(Actas, folio 82)


El grupo escolar fue finalmente construido en los terrenos enclavados en el sitio denominado “La Noria” e inaugurado el 29 de marzo de 1933 con un obsequio para los niños de las escuelas y con un refresco para los presentes. Pero rápidamente se constató la insuficiencia de las escuelas: transcurridos unos meses de la inauguración, el Presidente del Consejo Escolar de Cala informaba al Alcalde:

Verificado un detenido estudio de la población escolar de esta villa, así como también de la matrícula existente en estas Escuelas Nacionales resulta quedan sin recibir la enseñanza primaria un número aproximado de cuatrocientos niños. Ante la triste situación de la niñez de Cala castigada a no recibir los más elementales principios de educación e instrucción, el Consejo local de mi presidencia ha acordado solicitar del Ayuntamiento de su digna dirección la rápida creación de dos escuelas unitarias (una de cada sexo), con lo cual nos daría una nueva prueba de lo mucho que se interesa por elevar el nivel cultural de este noble pueblo”(Actas, folio 45)

Aquellas escuelas están hoy en proceso de reforma para uso del Ayuntamiento. Dicen que aquellos pueblos que desconocen su historia están condenados a repetirla. Por ello me gustaría, desde estas líneas, proponer que el edificio reformado reciba el nombre de la persona que más contribuyó a la construcción de las escuelas en las que generaciones de calenses hemos aprendido nuestras primeras letras. Creo además que, de este modo, no sólo homenajeamos a un personaje ilustre sino también a la educación y la cultura.

Es de justicia.

Elecciones de febrero de 1936

En febrero de 1936 se vuelven a producir elecciones en las que triunfa el Frente Popular, una coalición de izquierdas. Según recoge Ordóñez (1968) las elecciones dieron en Cala el triunfo al Frente Popular, obteniendo los partidos de izquierda unos 800 votos, en tanto que la coalición de derechas apenas llegó a los 250 votos. Ordóñez comenta con desazón que Cala fue uno de los pueblos que contribuyó proporcionalmente en mayor medida al triunfo del Frente Popular.

El 22 de febrero se produce el consiguiente cambio en la corporación municipal de Cala, en la que se vuelve a ratificar a D. Teodosio Riscos Ortín como alcalde de Cala. Los ediles son los siguientes:

Teodosio Riscos Ortín (alcalde)
Francisco Hernández González (primer teniente alcalde)
Andrés Jiménez Lavado (segundo teniente alcalde)
César Gil Moya
Ángel Gómez Rasero
Pedro Rodríguez Santos
Domingo Hermoso Pecellín
José Delgado Pérez
Teodosio Díaz González
Víctor Martín Lobo
Alberto Sancho Carmona

Guerra Civil Española (1936-1939)

Aproximarse a la Guerra Civil con frialdad e imparcialidad es imposible. La Guerra Civil la inició el Levantamiento de parte del ejército que actuó de forma concertada con los regímenes fascistas de Italia y Alemania para derrocar un régimen democrático y legal, sustituyéndolo mediante un auténtico genocidio por un gobierno dictatorial que duró casi 40 años. Estos hechos son incontrovertibles, han sido corroborados por las Naciones Unidas y se pueden consultar con detenimiento en los autos de juez Garzón. Por ejemplo, consulte el auto de 18 de noviembre de 2008 por el que se inhibe de la causa contra el franquismo en favor de juzgados territoriales.

Esta todo tan próximo que todos tenemos familiares y conocidos que de alguna forma participaron en ella. Algunas personas que la sufrieron todavía viven. Las víctimas todavía duelen en muchas familias y ahí está también el hondo vacío negro de los que voluntaria o involuntariamente ejercieron de verdugos.

Esta memoria de la Guerra Civil en Cala se atiene escrupulosamente a los hechos que se pueden confirmar mediante archivos e investigaciones anteriores, sin querer ofender a nadie. Lejos de la ofensa, este proyecto sólo pretende acabar con la infamia que es el olvido de las víctimas. En las líneas que siguen se apreciará que sólo hay lugar para las víctimas.

Es tiempo de terminar con el negro olvido que durante cuarenta años de dictadura y también durante treinta años de democracia se ha cernido sobre aquellos hijos de Cala que sufrieron esta cruel guerra que se inició con un desgraciado golpe de estado.

Reitero mis disculpas si a alguien puede ofender la presencia aquí del nombre de un antepasado. Mi intención es exclusivamente traer a nuestra memoria las víctimas de la Guerra Civil en Cala.

La caída de Cala frente ante las tropas africanas

Cuando se produce el Golpe de Estado de 18 de julio de 1936, Cala cae inicialmente del lado Republicano, aunque hemos de entender que la confusión inicial sería terrible. La gente pensó inicialmente que aquello sería algo pasajero. Sin embargo, todo cambió cuando las tropas golpistas tomaron Sevilla y mucha gente inició la huída hacia el norte. Algunos pasaron por Cala y un líder sindicalista o político, proveniente de Valencina, subió al balcón de la casa sindical (Casa de Virginia) y explicó a todos que había que huir porque al que cogían los fascistas lo mataban. Esto cambió todo.

Hasta el 3 de agosto, dos semanas después del glope fascista, los altercados que se habían producido en Cala tenían que ver con la quema de algunas imágenes de la iglesia, con alguna burla y la incautación de alimentos. Como en muchos lugares de Sevilla, Huelva y Badajoz las autoridades frentepopulistas decidieron encerrar al párroco Juan Chaves y a otros nueve ciudadanos (Ordóñez, 1968). Que estas personas no sufrieron daños más allá de la reclusión lo corrobora el hecho de que ni Ordóñez (1968) ni la Causa General hagan mención de ninguna agresión, a pesar del sesgo anti-republicano de ambas fuentes que son concebidas como inventario de las atrocidades republicanas (que en otros lugares se produjeron, pero desde luego no en Cala).

Puede aventurarse que el encierro de estas diez personas tuvo el propósito de evitar que se uniesen a la rebelión, pero sobre todo protegerles de elementos incontrolados. No hay razón para pensar que esto no fuese así en Cala. De hecho, no hay noticias de ninguna agresión protagonizada por milicianos. Todo ello a pesar de la cantidad de gente que podemos pensar que venía huyendo desde Sevilla y con el ambiente caldeado por las noticias que traían. Es notable que esto fuese así teniendo en cuenta que la represión había ya comenzado en los lugares que los golpistas iban controlando, por ejemplo Queipo de Llano en Sevilla.

Partiendo desde Sevilla, ciudad de la que había tomado el control el general Queipo de Llano, la estrategia de los militares golpistas consiste en avanzar hacia el norte por Extremadura para crear una comunicación con las provincias castellanas que también controlan (Espinosa, Guerra Civil en Huelva). Cala está en el camino y así hay que entender que a comienzos de agosto el ejército de África, las columnas de Asensio y Castejón, con apoyo de la aviación, tome Santa Olalla sin apenas resistencia (Espinosa, Guerra Civil en Huelva).

La mayoría de los habitantes de Cala decidió que había que encontrar armas para defenderse del ejército franquista. Imaginemos qué valor pusieron aquellas personas que estaban dispuestas a enfrentarse a un ejército profesional como el de África. Sin embargo, no había armas, más que alguna escopeta de caza. Tampoco tenían estos jornaleros y mineros formación militar. Según Espinosa, el día 3 de agosto de 1936 los milicianos (por llamarlos así), dirigidos por Miguel Moya Martín, pidieron a la guardia civil que se uniese a las milicias republicanas para defender Cala del avance de los sublevados. Ante la negativa de la benemérita, se entabló un tiroteo entre la guardia civil atrincherada en el cuartel y los milicianos, con peor armamento pero más numerosos. La guardia civil se replegó con sus armas hasta Santa Olalla huyendo campo a través con sus familias, según testimonios orales. Este hecho podría indicar la bisoñez militar de los milicianos o su escasa voluntad de producir víctimas.

Quedó en Cala una milicia civil que poca resistencia podía oponer al ejército de África. Quizás lo de milicia sea un término equívoco para describir a aquella gente que estaba dispuesta a defenderse con escopetas de caza. No había forma de resistir al ejército de Franco, bregado en las guerras africanas. Muchos hicieron caso de lo que decía el líder de Valencina y fueron muchos hombres los que se marcharon de Cala o huyeron al monte. Otros se resistían a creer, ¿por qué iban a hacerles algo a ellos que nada habían hecho?

Según fuentes orales, la guardia civil volvió posteriormente con refuerzos de Santa Olalla efectuando disparos indiscriminados desde vehículos militares. Fuerzas de las columnas de Asensio y Castejón tomarían Cala el 4 de agosto de 1936, aplastando una población civil que sólo poseía palos y hachas, según Espinosa. Sin embargo, fuentes orales indican que el ejército encontró un pueblo vacío. No encontraron resistencia, en realidad todos los hombres jóvenes se habían marchado.

Los ediles republicanos designados el 22 de febrero de 1936 ya no pudieron firmar el Acta de plenos de 16 de julio porque no estaban presentes en los siguientes plenos de 25 de julio y 1 de Agosto de 1936, como atestigua el Secretario del Ayuntamiento, D. Otilio Guerra-Librero, quien afirmaba que no pudo celebrarse pleno por falta de número suficiente de concejales.

El 6 de Agosto de 1936 es el comandante de puesto de la guardia civil, Agustín Fernández Portella, el que preside la reunión en las casas capitulares de los nuevos concejales que eligen a Ramón Ortega Marín como nuevo Alcalde de los sublevados.

Transcurridas tres inquietantes e inciertas semanas entre el 4 y el 27 de agosto se desatará la más brutal represión de la población civil, al igual que en todos los lugares que tomó el ejército sublevado en los primeros meses de la Guerra Civil. La estrategia de los militares africanistas era aterrorizar la retaguardia, evitando cualquier posible levantamiento de la población civil, mientras el ejército seguía avanzando.


Los "huidos" de la Guerra Civil en Cala

Suerte diversa

Ante la caída de Cala el 4 de agosto de 1936 algunos decidieron y pudieron huir. Podemos imaginar que en esos momentos de confusión fueron muy diversas las formas de escapar o de intentar seguir del lado republicano. La única forma de hacerlo era ir hacia el norte, con el problema de que la campaña del ejército golpista por la ruta de la plata había cortado la conexión con la zona republicana principal. Extremadura había quedado cortada en dos, al oeste una zona embolsada sin conexión con el este, que sí tenía comunicación directa con la principal zona republicana (Madrid, Valencia, Barcelona, etc.).

Los calenses se dirigieron a Valencia del Ventoso, a través de Arroyomolinos y Segura de León, después de tratar de volar el puente de La Gitana. Aunque es difícil proporcionar una cifra es posible que los "huidos" de Cala sobrepasasen el centenar. La mayor parte de ellos se alistó como miliciano o militar al ejército republicano, los que hicieron la guerra en Madrid terminaron en los campos de concentración y en la cárcel y los que hicieron la guerra en Cataluña o en Valencia terminaron en el exilio.

Hasta Segura de León llegaron los familiares de algunos refugiados (Miguel Macías Vázquez y Manuel Amaya Sánchez) para convencerles inocentemente de que si se entragaban no les pasaría nada (como si algo hubieran hecho). Todos decidieron que era mejor no entregarse y el tiempo les daría la razón. Sin embargo, Miguel y Manuel prefirieron oir a sus familiares y aprovecharon la noche para dejar a sus compañeros y volver a Cala. Manuel Amaya lo pagaría con su vida.

No tengo constancia de que todos huyesen en el mismo grupo, aunque muchos huyeron en grupos que permanecieron en la guerra y en el cárcel relativamente cohesionados. El grupo más numeroso decidió atravesar la líneas fascistas (Ruta de la Plata), hasta Castuera que era la puerta de la zona Republicana.

No todos los calenses lo hicieron de forma simultánea y no todos ellos lo consiguieron, aunque sí la mayoría. Podemos distinguir entre los que consiguieron llegar a Castuera y los que no lo consiguieron y fueron a parar al barco Carvoeiro (Sevilla) o posiblemente asesinados en los camposo de Llerena.

Entre los que consiguieron llegar a Castuera y de allí a Madrid, podemos citar a Genaro Blanco Díaz, Manuel Cabanilla González, Antonio Ceballo Chaves, Antonio José Corchuelo Rubio, José Cosmo Vázquez, Severino Delgado Falero, Severino García González, Gregorio Hermoso Lobo, Feliciano Maya Hermoso, Juan Maya Hermoso, José Maya Bautista, José Moya Martín, Manuel Moya Martín, Miguel Moya Martín, José Pecellín Delgado, Manuel Rasero Picón, Antonio Sánchez Pérez, Dionisio Sánchez Pérez, Manuel Vázquez Ramos y Feliciano Vera Domínguez.

Según Espinosa (1996) también pudieron huir:
José Silva Fernández, minero 51 años
Esteban Rodríguez Sevilla, minero 41 años
Antonio Rodríguez Gata, minero 46 años
José Rodríguez Gata, bracero 45 años
Manuel Mateo Morón, minero 22 años
Sebastián Sánchez Domínguez, minero 22 años

En cambio otro grupo decidió emprender la marcha a pie hasta Portugal. En este grupo se encontraban:

Teodosio Riscos Ortín, alcalde. D. Teodosio Riscos estuvo durante la guerra en Alcudia de Crespín (f.o.) desde donde mantuvo correspondencia con los de Cala que estaban en el frente de Madrid.
Pedro Rodríguez Santos (Julián el Merino), concejal, encontró refugio después de la guerra en París y se exilió en Perú, aunque finalmente pudo volver a Cala.
Carlos Encinas González, médico (Salamanca, 1907 - León, Guanajuato, 1997).
Julio Abril
Francisco Rodríguez

Aunque en un principio pudiese parecer que pasar la frontera era una solución, debe recordarse que en Portugal había en esos momentos un régimen fascista (Salazar) que veía con buenos ojos el golpe de Franco y que de hecho prestó importante apoyo logístico, por ejemplo a los aviones que bombardeaban Badajoz que podían aterrizar sin problemas en Elvas (Espinosa, 2007). El gobierno portugués no se podía permitir romper relaciones con el régimen legalmente establecido en España (la República), pero colaboró activamente con los sublevados.

El embajador español en Lisboa era nada menos que D. Claudio Sánchez-Albornoz, quien se desvivió por proteger a los refugiados españoles. Sin embargo, no pudo impedir que las autoridades portugueses entregasen a los refugiados a los militares golpistas (Casanova, 2007), quienes casi siempre los asesinaban de inmediato en la tristemente famosa Plaza de Toros de Badajoz o en otros lugares. Incluso grupos falangistas entraban impunemente en los campos de refugiados que se habían improvisado en Portugal, prendían a los refugiados a voluntad y los asesinaban (Espinosa, 2007). Así ocurrió con el diputado socialista de Nicolás de Pablo y con el alcalde de Badajoz Sinforiano Madroñero (Casanova, 2007), quienes según Espinosa (2003) fueron asesinados después de un desfile con banda y misa de campaña incluida al que se invitó a la población de Badajoz. Podemos imaginar la epopeya que hubieron de vivir los refugiados republicanos.

En medio de todo esto, algunos militares portugueses protegieron a los refugiados. Espinosa (2007) se refiere a Seixas como uno de los que puso en riesgo su carrera militar para proteger sus vidas.

En medio del escándalo internacional que se produjo por la connivencia portuguesa con los asesinatos de refugiados españoles, el gobierno de Salazar decidió permitir que el 10 de octubre de 1936 el barco Nyassa trasladase a 1.435 refugiados españoles partiendo desde Lisboa y llegando a Tarragona, en zona republicana, dos días más tarde. Espinosa (2007, p. 217) menciona a Carlos Encinas como uno de los ocupantes del Nyassa. Parece que el grupo que mencionamos tuvo la suerte de poder embarcarse también en este barco. Sabemos además que entre los refugiados había mujeres y niños (En la foto de la derecha aparece el Nyassa en otro trayecto, esta vez llevando refugiados desde Francia a México, una vez que había terminado la Guerra Civil).

Después de llegar a Tarragona parece que los componentes de este grupo tomaron rumbos diferentes. Carlos Encinas participó como médico en el ejército de Cataluña, Julio Abril fue militar en el ejército de Extremadura (f.o.) y Teodosio Riscos desempeñó otras tareas en Albacete o Levante.

Al terminar la guerra, Teodosio Riscos y Julio Abril pasarían por la cárcel, mientras que Carlos Encinas, Pedro Rodríguez y Francisco Rodríguez consiguieron pasar la frontera francesa. En Francia recibieron el auxilio de amigos de Eusebio Rodríguez (hermano de Pedro). Pedro Rodríguez parece que pasó unos años en Perú con su hermano. Carlos Encinas decidió acogerse a la hospitalidad que el presidente mexicano Cárdenas brindó a tantos exiliados republicanos. Llegó a Veracruz el 7 de junio de 1939 con su esposa. Trabajó en varios laboratorios farmaceúticos del Distrito Federal (esta información se la debo a Ludivina García Arias de la Asociación de Descendientes del Exilio Español). Por la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles sabemos también que el Dr. Encinas se encontraba en México en 1940 (JARE, Libros de actas 1939-1941 libro II) y en 1941. Su hijo me ha indicado en comunicación personal que el Dr. Encinas dejó la medicina y se dedicó a la pintura y a las artes gráficas. Después tuvo ocasión de volver a Cala en alguna ocasión y finalmente falleció en febrero de 1997 en León, Guanajuato (México), ocho años después que su esposa.

Otros huyeron al monte porque pensaron que era más seguro, porque no querían irse de Cala o simplemente porque les sorprendió la toma de Cala. Entre estos están (f.o.):
Juan Vázquez (estuvo 14 meses en la sierra)
Julián (Linde)
Tomás Hermoso

Y aun otros permanecieron escondidos en su propia casa.

Referencias
Espinosa, F. (2007), La Columna de la Muerte. Ed. Crítica.

Represión y víctimas de la Guerra Civil

El terror de los sublevados
La represión estaba orquestada desde la cúpula del levantamiento. Fue un genocidio orquestado por Franco y otros militares golpistas (Queipo de Llano, Mola y Yagüe, entre otros). La estrategia de los militares sublevados, según ellos mismos se encargaban de explicar, consistía en, siguiendo prácticas del ejército de África, eliminar fisicamente a todos los que pudieran significar una resistencia para de paso aterrorizar y paralizar a los restantes.

Tras la salvaje represión de Badajoz, el propio Yagüe lo reconocía cuando al periodista estadounidense John T. Whitaker, le respondió: "Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Iba a llevar a cuatro mil prisioneros rojos conmigo teniendo que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia ydejar que Badajoz fuera roja otra vez?" (citado por Casanova, 2007, p. 217)

Los militares sublevados iban exigiendo una cuota de genocidio que se repite de forma tenaz en cada pueblo. Como en todos los genocidios, había una visión fanática que creía que era mejor matar al que no fuese católico, de derechas y fascista que dejarlo vivir con sus ideas equivocadas.

De hecho el General Mola, director inicial del golpe, daba las siguientes instrucciones a otros militares golpistas: "Hay que sembrar el terror ... hay que dar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros" (citado por Graham, 2006, p. 142)

Al final, en palabras de Helen Graham (2006, pp. 145-146), "lo que los militares, falangistas y otros voluntarios de derechas hicieron a los hombres y mujeres republicanos respondía a algo distinto de una necesidad táctica en un conflicto militar. La asombrosa uniformidad de la degradación y deshumanización inflingidas a los prisioneros republicanos -y, en particular, la extraordinaria necesidad de sus captores de quebrantar no sólo sus cuerpos, sino también sus mentes, antes de matarlos (...)- estaba al servicio del proyecto subyacente de los sublevados" de reconstruir una sociedad monolítica homogénea y jerarquizada. Para el proyecto rebelde, la clase obrera española se convirtió en lo que los judios fueron para la comunidad nacional nazi.

Pero como sostiene García Márquez (2008) no hemos de olvidar que la responsabilidad última recae en las autoridades militares que son las que dictan las órdenes de ejecución que se llevan casi siempre a cabo en "aplicación del bando de guerra".

Esto se aplica a Cala, como a todos los demás pueblos y ciudades de Andalucía, Extremadura y otros lugares de España. Esto es algo que vamos a tratar de ir demostrando en la descripción de la represión. Lo que hace cuantitativamente más doloroso al caso de Huelva, Sevilla y Badajoz es, dad la estructura de propiedad latifundista, su importante número de jornaleros y obreros, así como el hecho de que sea el lugar de entrada del ejército africano y la República no tuviese tiempo de organizar una defensa efectiva de esta región.

El genocidio encontró la colaboración espontánea de falangistas y otros elementos de derechas. Sin embargo, no debe desdeñarse la colaboración de muchos fruto del miedo y bajo amenazas. En el caso de Cala se cuentan historias de personas que fueron obligados a colaborar y a presenciar los asesinatos bajo amenazas. Pero siguiendo los últimos estudios que se han realizado sobre la represión en el suroeste español, en ningún caso se puede sostener que la represión fuese con carácter general fruto de ajustes de cuentas o de venganzas personales (García Márquez, 2008). Bien al contrario este autor menciona casos en los que determinadas venganzas incontroladas eran perseguidas por las autoridades militares. En resumen, si bien podrían identificarse, entre ootros, grupos de falangistas que ejecutan las órdenes, éstas emanan directamente de las autoridades militares que serían las últimas responsables.

Así, el dia 24 de julio de 1936 Queipo de Llano firma un Bando en el que establece que "Al observarse en cualquier localidad actos de crueldad contra las personas, serán pasados por las armas, sin formación de causa, las directivas de las organizaciones marxista o comunista que en el pueblo existan, y caso de no darse con tales directivos, serán ejecutados un número igual de afiliados arbitrariamente elegidos" (citado en García Márquez, 2008, p.34). Siguiendo al mismo autor, Queipo amenaza en otro Bando con aplicar el mismo procedimiento con aquellos que resistan estas duras órdenes. Parece acertada la consideración de González Márquez (2008) cuando afirma que por órdenes mucho menos precisas fueron ahorcados los dirigentes nazis tras los juicios de Nüremberg.

La represión fue primero económica y luego física. En Cala se cebarían en primer lugar con las propiedades de Teodosio Riscos, saqueando y malvendiendo el contenido de su comercio, según testimonios orales. Este parecía ser un procedimiento habitual de las tropas africanas de Franco que preocupaba a los militares glopistas (Espinosa, 2007). A otra persona le robaron uno de los dos camiones que había en Cala. A la esposa de Teodosio, Rafaela, y a sus hijas las echaron de su casa, aunque pudieron encontrar refugio en casa de Pelayo.

Pero la represión fue sobre todo física y moral. Rafaela sufrió una de las torturas preferidas por los fascistas: le raparon la cabeza. Como también le raparon la cabeza a otras mujeres, entre las que se encontraban las siete mujeres a las que luego matarían en La Parrilla. Según fuentes orales les raparon la cabeza y les dejaron un mechón, al que ataban un lazo de color y las pasearon por Cala cantando el "Cara al Sol".

Habían pasado tres semanas desde que las tropas franquistas habían tomado Cala y todavía no se había producido ningún asesinato en masa. Esto viene a desmentir la teoría de que los asesinatos derivasen de enfrentamientos personales o de venganzas inmediatas en caliente. Por el contrario, estas tres semanas que median entre la ocupación de Cala y el comienzo de las sacas apuntan en dirección inequívoca hacia un genocidio planificado desde las más altas instancias golpistas. ¿Qué sentido tenía comenzar una matanza en Cala cuando ya casi no quedaban jóvenes para rebelarse contra el ejército de Franco?

El jueves 27 de agosto de 1936, como negro presagio, algunos fueron a Cala a buscar a José Corchuelo Pérez desde Santa María de Navas, donde éste vivía. José era natural de Cala y se encontraba entonces allí, puede que también refugiado. Los matones fueron a casa del hermano de José, donde su sobrina les explicó que allí no vivía y les señaló la casa de enfrente. Se lo llevaron para "tomarle declaración" y nunca más se le volvió a ver, probablemente asesinado en algún punto de la carretera entre Cala y Santa María de Navas.

Referencias
Casanova, J. (2007), República y guerra civil. Ed. Crítica - Marcial Pons
Espinosa, F. (1996), La Guerra Civil en Huelva. Tercera edición. Ed. Diputación de Huelva
Espinosa, F. (2007), La Columna de la Muerte. Ed. Crítica.
García Márquez, J.M. (2008), "La represión Militar en la provincia de Sevilla", en La Guerra Civil en Carmona. Excmo. Ayuntamiento de Carmona.
Graham, H. (2006), La República española en guerra 1936 1939. Ed. Debate.
Hernández García, A. (2007), "La columna de los ocho mil: una tragedia olvidada", Revista Transversales, nº 8, otoño. Trabajo disponible en www.todoslosnombres.org

Soldados para una guerra



A los de Cala que llegaron a Castuera les dieron a elegir entre quedarse en Extremadura o ir a Madrid, pero éstos decidieron ir a Madrid porque les habian dicho que allí había armas con las que defender la República. Tomaron un tren hasta Socuéllamos y una semana después a Madrid. En Madrid se unieron a la Columna España Libre, aunque como no había armas estuvieron un mes esperando, primero en el Hotel Lisboa (Puerta del Sol) y luego en el Hotel Mediodía. Hay que recordar que inicialmente el gobierno republicano no creyó conveniente armar a los milicianos.

Cuando por fin llegaron los fusiles en cajas, los jóvenes de Cala se integraron en la 77 Brigada del 307 Batallón. Según testimonios orales allí estaban:

Miguel Moya Martín
José Moya Martín
Manuel Moya Martín
Juan Maya Hermoso, campo, 20 años
Feliciano Maya Hermoso, campo, 18 años
Manuel Vázquez Ramos (el de Felisa Ramos)
Antonio Corchuelo
Genaro (perdió un brazo en la guerra)

Ninguno de ellos perdió la vida en el frente de Madrid. Lucharon probablemente en la Casa de Campo y se incorporaron en los mismos días en que murió Buenaventura Durruti (20-9-36)

Carlos Encinas González también sirvió de médico en el ejército republicano en Cataluña, donde fue capitán médico provisional en la 27 División durante 18 meses y jefe de la clínica quirúrjica nº 2 de Barcelona y del Hospital de Olot, Gerona (esta información se la debo a Ludivina García Arias de la Asociación de Descendientes del Exilio Español).

Capítulo aparte merece otra forma de represión que constituyó la leva forzosa de jóvenes que pasaron a engrosar las filas del ejército de Franco. Muchos de ellos habían sufrido muy cerca la persecución fascista e incluso habían perdido familiares asesinados y aun hubieron de luchar en las filas franquistas contra los suyos. Es el caso de Agustín Corchuelo Rubio, que murió en la Batalla del Ebro, cuya madre, Carmen Rubio, y cuyo tío habían sido asesinados previamente como ya se ha descrito. También murió en el frente franquista Cristóbal Amaya Sánchez, cuyo hermano Manuel había sido asesinado en La Parrilla después de entregarse. Algunos de los que dejaron su vida en el frente nacional fueron:

1. Agustín Corchuelo Rubio
2. Cristóbal Amaya Sánchez
3. Alfonso Gallego
4. Emiliano González González
(esta lista está todavía incompleta)

Más cárcel y el final de la represión

Al terminar la Guerra Civil, a algunos soldados republicanos de Cala les cogió la derrota en la zona centro y no pudieron huir a Francia (al contrario que Carlos Encinas). Muchos de ellos decidieron volver a Cala por sus medios y llegaron a sus casas. En una nota castiza, la guardia civil les dejaba estar unos días en casa antes de acudir a la cárcel del pueblo. En la cárcel de Cala estaban unos días (parece que llegó a haber 21 prisioneros) hasta que los mandaban a Huelva, donde eran juzgados por tribunales militares.

Hasta 40 personas de Cala fueron juzgados por tribunales militares al terminar la guerra. La mayoría de ellos eran personas que habían huido de Cala con la entrada del ejército africano y que luego se habían incorporado como milicianos al ejército de la República.

Entre las personas juzgadas están dos mujeres que fuentes orales identifican como esposas o hijas de los Casiano.

Luego pasaron por diferentes cárceles y estando José Moya, Manuel Moya y Juan Maya en el Campo de Concentración de Rota llegó la terrible noticia de la última ejecución de uno de Cala: fue Miguel Moya Martín en Huelva. Creo que éste fue el último asesinato de alguien de Cala en la Guerra Civil.

Luego pasaron por otras cárceles. Juan Maya, por ejemplo, estuvo en Viator y luego en trabajos forzados en Toledo, en la reconstrucción de la Academia Militar (tan utilizada por la propaganda franquista) con mucho trabajo y poca comida. Muchos murieron en las cárceles (recordemos a Miguel Hernández) si bien no tengo constancia de ninguno de Cala.

Finalmente, algunos fueron saliendo de las cárceles y volviendo a sus casa a iniciar una nueva vida o rehacer su vida anterior. Años después algún soldado republicano visitó a Teodosio Riscos en su casa de Sevilla, aunque poco pudieron decirse porque eran años en los que era peligroso hablar.